Publicado: 10-09-2026
Publicado por: Raquel Agelán Rodríguez
Etiquetas: emociones

Desde niña te conocí en la cruz.
Te vi clavado en el madero
y te vi morir,
como solo Tú sabes hacerlo.
Me encomendé a Ti en pleno dolor,
esperando que me abrieras un canal de luz.
Te sentí expirar…
y te soplé a la cara.
Te besé,
creyendo insuflarte vida otra vez.
Como si con mi aliento pudiera devolverte la vida.
Como si, por un instante,
pudiera retenerte.
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