
Mi querido amigo, mi querida amiga :
¿Te has preguntado alguna vez cuántas veces entregas tu energía, tu tiempo y tu atención a lugares y personas?
No ofrecer nuestra vida interior a caminos que no la respetan puede ser una buena medida.
Podemos detenernos un momento y preguntarnos:
¿Honro mi vida interior?
¿Escucho y me doy cuenta de quién realmente desea mi bien?
¿Cuido yo estos vínculos o los doy por sentado?
Porque, cuando alguien desea nuestro bien, de alguna manera lo sabemos.
No solo por lo que dice, sino por sus acciones, por sus gestos, por sus palabras.
Por una mirada tierna.
Por una llamada a tiempo.
Por esa presencia que no necesita hacer ruido para hacerse notar.
Y por su constancia.
En el fondo, sabemos quién está.
Y quizá la verdadera pregunta sea: