
Mi querido amigo/amiga .
Cuando hablo de silenciar mi lengua me hace recordar
Qué a veces olvido que, para escuchar de verdad, que para escuchar con todos mis sentidos, primero debo guardar silencio.
– Cuando alguien cercano me comparte algo con honestidad —una idea, un pensamiento, un sentimiento— mi atención necesita espacio.
– Ese espacio solo aparece cuando dejo de preparar mi respuesta y permito que la otra persona se exprese sin prisas.
– En ocasiones me ocurre que mientras la persona habla , ya estoy pensando en intervenir. Ese impulso me hace ocupar un lugar que no me corresponde en ese momento.
– Al contener mi lengua, le ofrezco al otro un refugio donde puede hablar con calma, sin sentir que debe correr o justificarse.
En ese silencio atento ocurre algo valioso:
– me siento en unión con la otra persona
– y también más conectada conmigo misma.
¿Estoy dispuesta hoy a ofrecer ese espacio real de escucha?
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