
Mi querido amigo/amiga .
¿Quién no ha tenido un Judas en su vida? Esos que traicionan, que decepcionan, que nos ponen a prueba. Pero, paradójicamente, gracias a ellos recibimos la bendición de resucitar .
Resucitar el agradecimiento, porque cada Judas nos ha dejado una lección. Resucitar la compasión, porque comprenderlos nos ayuda a entendernos a nosotros mismos. Nos obligan a preguntarnos en qué nos hemos convertido con el tiempo y, sobre todo, en qué queremos convertirnos .
Porque, al final, ¿de qué vale un hombre si nadie le envidia? —dicen los grandes pensadores. Tal vez Judas solo sea el reflejo de nuestras propias sombras, esas que nos empujan a crecer.