
Mi querido amigo/amiga .
¿Te ocurre que, en ocasiones, necesitas detener la inercia y observar dónde estás? A mí sí me pasa.
Hay una intuición profunda que nos susurra que algo ha terminado.
El parón no es una pérdida de tiempo; puede convertirse en un espacio fértil. Esos momentos en los que nos sentimos vacíos, como suspendidos en el aire, pueden ser una buena oportunidad para observar nuestros aprendizajes y dar paso a intuiciones frescas. Aunque aún no sepamos hacia dónde vamos, confiar en el silencio nos permite escuchar lo que realmente anhelamos.
Parar es también un acto de aceptación : reconocer que no tenemos todas las respuestas y que necesitamos ordenarnos de nuevo. Esa pausa, que a veces se siente incómoda o improductiva, en realidad —si sabemos esperar— puede convertirse en un puente hacia la motivación y hacia una mayor claridad.
Entonces, te pregunto :
¿qué pasaría si dejaras de temer al parón y lo vieras como una puerta de entrada hacia lo desconocido, eso que quizá ya te está buscando?
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