
Hay oraciones
que no nacen de la calma…
— nacen del abismo.
Oraciones que brotan y se derraman
cuando el alma ya no puede sostenerse sola,
cuando el corazón mira hacia lo alto
desde lo más profundo y se expresa de esta manera.
“Desde lo hondo clamo a ti…”
Y desde esa desnudez pido
un corazón nuevo,
lleno de esperanza.
He derramado muchas lágrimas intentado sanarlo.
Pero tu presencia
Me restaura,
Me cambia,
y me llena de nueva vida.
Eterno Redentor,
mi espíritu vuelve a nacer si tú me tocas.
En ti encuentro refugio,
amado.
Porque contigo
incluso puedo caer
sin miedo.
Has tocado mis heridas…
y tu luz
me hizo sanar y cantar.
A ti vuelvo siempre porque no existe otra verdad.
Raquel del Áncora.