
El sabio no combate la tristeza: la observa
Mi querido amigo mi querida amiga.
En las distintas tradiciones espirituales nos enseñan que el sabio no rechaza la tristeza, sino que por el contrario la ofrece un espacio. No la mira como algo erróneo, ni como una amenaza, ni como un defecto personal.
Nos anima a comprender que nuestra tristeza suele ser un mensaje del cuerpo y del alma, algo que nace desde muy dentro. A veces nos está diciendo que necesitamos descansar, que hay algo que requiere atención, que estamos procesando una experiencia y en otras ocasiones, verdaderamente no sabemos de dónde viene.
Por eso, el sabio la trata con cuidado y afecto, como trataría a un huésped cansado: con respeto, con paciencia y sin exigirle nada.
Tiene también la delicadeza de no interpretar la tristeza como una identidad. Comprendiendo que las emociones son climas interiores, no tatuajes permanentes.
Por ello evitar frases internas como “¿por qué estoy así?”, “no debería sentir esto” o “estoy mal”, y las transforma en una mirada más amable y consciente: “hoy mi clima interior es más gris” o “voy a caminar con esta emoción sin dejar que me arrastre”.
La tristeza, observada con atención y sin juicio, deja de ser un enemigo y se convierte en una maestra silenciosa.
¿Y tú, qué pasaría si en lugar de luchar contra tu tristeza, te permitieras escuchar lo que quiere mostrarte?
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