
Mi querido amigo/amiga .
En los niveles de consciencia, el perdón es uno de los estados más elevados que podemos alcanzar. Implica tanto pedir perdón como perdonar el agravio recibido.
Personalmente, este tema me ha llevado muchas horas de reflexión , tiempo y también una inversión económica en mi propio proceso de liberación. Gracias a ello he ido vaciándome y limpiando heridas que durante mucho tiempo permanecieron abiertas.
Puedo decir que todavía quedan algunas reminiscencias , sobre todo de aquellos hechos que en su momento me hicieron mucho daño y que me resultaban difíciles de comprender. Sin embargo, hoy me siento más aliviada y un poco más ligera.
Es un trabajo que realizo a diario. Cuando viene a mi mente un recuerdo, una persona o alguna situación dolorosa, procuro colocar desde mi corazón una flor blanca como símbolo de paz y transformación. Continúo trabajando en ello, con paciencia y constancia.
Creo que pedir perdón me cuesta menos que perdonar. Y, además, aprender a perdonar incluso cuando nunca he escuchado un «perdón» sincero de la otra parte es, quizás, uno de los mayores aprendizajes de este camino.
Jacques Philippe en su libro la “libertad interior” nos recuerda que el rencor perjudica las fuerzas de aquel de quien se adueña y causa en el mucho daño. Cuando alguien nos ha hecho sufrir, nuestra tendencia espontánea es a guardar cuidadosamente el recuerdo del daño padecido, como una “factura” no somos conscientes de que esas facturas acumuladas terminan por envenenar nuestra vida.Por eso al perdonar y perdonarnos recobramos la libertad que el rencor y el resentimiento estuvieron a punto de hacernos perder.
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